El cuento del señorío y el Real Madrid
Artículo de opinión del redactor Iván del Dedo tras lo sucedido durante y después del partido que los de José Mourinho disputaron en Elche.
Al Real Madrid siempre se le pide respeto. Señorío. Elegancia. Modales. Que gane, que pierda, que le peguen, que le provoquen y, si puede ser, que además ponga la otra mejilla. El problema es que esa exigencia parece funcionar en una sola dirección.
Porque basta con que un jugador del Real Madrid responda a un rival para que aparezca inmediatamente el discurso del señorío. El último ejemplo, el del Elche, que después del partido del Martínez Valero publicó en redes sociales un “Fair play” acompañado de imágenes del encontronazo entre Kylian Mbappé y Gonzalo Villar.
Y aquí hay una cuestión previa que parece haberse perdido entre tanta indignación: la discusión se produjo después de una acción en la que Mbappé había recibido una falta y Gonzalo le dio una patada al jugador francés estando en el suelo de espaldas. La referencia ilicitana sobre la secuencia se olvida de los primeros segundos del lance, aunque sí recoge que ambos terminaron enfrentándose y que el delantero madridista se encaró con Villar.
Parece que los clubes españoles buscan convertir cada encontronazo con el Madrid en un examen de valores. Mintiendo y controlando el tan sonado relato que, en teoría, dirige el conjunto madridista.
El señorío no consiste en quedarse quieto
Hay una frase de Mourinho que siempre me ha parecido mucho más cercana al verdadero significado del señorío que esa versión edulcorada que se utiliza tantas veces contra el Madrid: señorío es morir en el campo y no filosofía barata.
Es competir. Defenderse. Plantar cara. No dejar que nadie te pase por encima. Y, por supuesto, saber distinguir entre competir con intensidad y perder las formas.
El problema aparece cuando al Madrid se le exige permanentemente esa segunda parte mientras los demás pueden permitirse la provocación, la ironía y el pique. Porque también forma parte del fútbol. Y si todos queremos un deporte de rivalidad, emoción y personalidad, quizá haya que aceptar que el Real Madrid también puede responder.
El segundo mensaje del Elche resulta todavía peor. El club recuperó en redes aquel célebre mensaje de Vinicius después del Balón de Oro, “Eu Farei”, y lo transformó en un mensaje para su siguiente partido. Una manera perfectamente legítima de utilizar las redes para competir, provocar o motivar. Bueno, esto último lo dudo. Pero entonces conviene aceptar que el Madrid también puede jugar ese partido. Y que cuando lo haga, ya sea en redes o bien sobre el campo, no se le eche en cara la falta de señorío.
Si el Madrid responde, deja de ser señorío
Durante años se ha construido una especie de contrato imaginario según el cual el Real Madrid debe comportarse siempre como el Real Madrid. Los demás pueden enfadarse, protestar, ironizar, señalar, provocar o lanzar indirectas. El Madrid, en cambio, debe permanecer impasible porque tiene que hacer honor a su “historia”. O a la historia que ellos se inventan e intentan convencernos de que es la buena.
¿Y por qué?
Si el fútbol quiere personalidad, que la tenga. Si quiere rivalidad, que exista. Si los clubes utilizan las redes sociales para lanzar mensajes con doble sentido, perfecto. Pero entonces no convirtamos cada respuesta del Madrid en una crisis de valores.
El Real Madrid no necesita ser perfecto para representar su historia. Necesita competir.
El verdadero señorío no consiste en ganar siempre con una sonrisa mientras los demás te pisotean y te señalan con el dedo por quejarte del pisoteo. Quizá consista, sencillamente, en no dejarse pisar. En competir, defender tu escudo y no permitir que nadie convierta al Real Madrid ni a su afición en el saco de boxeo de turno.
Porque pedirle al Madrid que tenga señorío está bien.
Lo que resulta curioso es que algunos parezcan entender que tener señorío significa dejarse provocar sin responder.
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