La trampa de Flick y el reto de Mbappé: el plan de Mourinho para no ‘caer de cabeza’ en el Camp Nou
Kylian Mbappé ha personificado como nadie la ingenuidad del Real Madrid en los últimos Clásicos con la trampa del fuera de juego.
Quien haya visto los últimos Clásicos (concretamente, desde que Hansi Flick dirige al Barcelona) sabe de sobra de qué va la película. Los primeros veinte minutos en el Camp Nou son un martillo pilón. El Barça sale enchufadísimo a por el Real Madrid y apretando la salida de balón arriba; adelantando a sus centrales prácticamente hasta la línea del centro del campo. Es su sello y no lo van a cambiar este domingo a las 21:00 (hora española).
Para el Real Madrid, la clave de la noche pasa por no tragarse el anzuelo en ese primer tramo. Saber aguantar el chaparrón sin ponerse nervioso es tener medio partido en el bolsillo. Y seguro que Mourinho lo sabe.
La ansiedad de tirar el desmarque antes de tiempo
Ver 40 metros de campo vacío a la espalda de la defensa rival es tentador para cualquier delantero rápido. Pero también es una trampa mortal si te gana la ansiedad.
Y ahí es donde entra Kylian Mbappé. En los últimos Clásicos le ha tocado sufrir esa estrategia. El parisino ha acostumbrado al madridismo a romper a correr un segundo antes de tiempo, ver al linier levantar el banderín una y otra vez y acabar desesperando a la afición.

Porque para destrozar una defensa tan adelantada no hace falta correr más que nadie, hace falta tener paciencia y esperar al momento justo para dar el pase y para tirar el desmarque. Y esto último, al ’10’ del Real Madrid se le ha atragantado en los Clásicos hasta ahora.
Insistimos: es vital que el pasador no de un toque de más, porque si el centrocampista frena la jugada, el desmarque de arriba ya no sirve para nada y te pilla en fuera de juego; y al mismo tiempo, el punta tiene que aguantar la carrera. Porque la clave no es empezar a correr antes, sino arrancar en el momento justo en el que el compañero arma la pierna.
Aguantar el chaparrón primero y castigar después
El Barça no podrá mantener esa presión asfixiante durante los noventa minutos. Si el Real Madrid no regala balones tontos en la medular y sostiene esos primeros golpes sin encajar, el escenario cambiará por completo a medida que vayan pasando los minutos.
El Clásico del domingo no se va a decidir en el primer cuarto de hora, pero sí se puede complicar mucho si se entra dormido o se regalan amarillas tontas por protestar (ya sabemos que los del silbato tienen la mano suelta con los de blanco). Tener la sangre fría para madurar el choque y no caer en la trampa del fuera de juego será la diferencia entre volverse a Madrid con los tres puntos o con media Liga perdida en octubre. Así de simple. Así de duro.
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