Fuego, fe y redención: con Mourinho, a las trincheras
Artículo de opinión sobre la victoria del Real Madrid de José Mourinho en el Clásico, que confirma el buen momento que atraviesan los blancos.
José Mourinho lo ha vuelto a hacer. Tal y como ya lograse en su primera etapa, el técnico portugués ha resucitado al Real Madrid; y esta vez, en tiempo récord. Diez días después de tocar fondo en Roma, en un partido dantesco (en el que, eso sí, se consiguió la victoria y de forma heroica), el conjunto blanco venció y convenció en el Camp Nou.
Porque los tres puntos del domingo son un grito al cielo. De que el Real Madrid quiere esta Liga. De que el vestuario está a muerte con José Mourinho. Y sobre todo, de que este proyecto está muy vivo. Más vivo que nunca, de hecho. Largo y tendido se hablará y se escribirá en los próximos días sobre las consecuencias sobre Vinicius que puede tener la buena racha que viven los merengues. Pero, personalmente, hoy quiero centrarme en lo vivido hace dos noches en Barcelona.
Y antes que nada, me van a permitir mencionar brevemente el arbitraje. Porque el triunfo no puede tapar el enésimo intento de perjudicar al Real Madrid. Joao Cancelo no tuvo que haber terminado el partido a causa de una entrada criminal sobre el gemelo de Diomande. Como los de Mourinho consiguieron los tres puntos, esa acción quedará en anécdota. Pero eso.
Un Real Madrid solidario y un Mourinho que se impuso a Flick
Ahora sí, pasemos a hablar de lo puramente futbolístico. Porque anoche vi un Real Madrid que no veía en mucho tiempo en términos de solidaridad. Por fin vimos un equipo. Qué simple suena, ¿verdad? Pues por desgracia, eso hacía años que no se veía en este club. Todos defendieron (con la excepción del ’10’), todos corrieron y todos se dejaron el alma por el escudo. Mérito de Mourinho.
También fue mérito del portugués la victoria sobre Hansi Flick en el duelo de pizarras. El partido, especialmente en el primer tiempo, se jugó a lo que quiso el Real Madrid. Es evidente que Mou conocía desde hacía tiempo la importancia del Clásico, ya no solo a nivel clasificatorio, sino también a nivel anímico. Y a nivel de proyecto. Preparó el choque a conciencia y salió reforzado. Qué bueno que volviste, Jose.
¡Qué cameo, Camavinga!
En cuanto a nombres, podría destacar a varios. Lunin, por ejemplo, debutó y, aunque quizá pudo hacer algo más en el gol de Raphinha (es fácil decirlo desde el sofá), minutos después realizó una parada antológica al cabezazo de Gerard Martín. Y en líneas generales se mostró muy seguro bajo palos.
Podría destacar también a Cucurella, que secó a Lamine Yamal y firmó su mejor actuación con el Real Madrid; o a Huijsen, que fue de menos a más y se está consagrando como un central cada vez más ‘pesimista’, como diría Ancelotti; o a Valverde, que incluso lesionado sigue siendo el mejor lateral derecho de la plantilla.
Podría mencionar también a Bellingham, que creo que a estas horas todavía sigue corriendo por el Camp Nou; o a Mbappé, que pese a no estar demasiado fino en casi ninguna acción, terminó el Clásico con un doblete y alcanzando los 100 goles como madridista; incluso podría hablar de Diomande, que se vació en ayudas defensivas y que aportó desborde en la salida de balón; y de un Tchouaméni que estuvo imperial en la recuperación de balón.
Pero me gustaría poner el foco, aunque solo sea en unas pocas líneas, sobre Camavinga. Porque yo he sido uno de sus principales críticos, e incluso era de la opinión de que una venta este verano hubiese sido la mejor solución para todas las partes. Pero ante el Leipzig salió de titular e hizo un partidazo… y en el Camp Nou se inventó él solo el 1-2. Porque sí, esa es la expresión exacta: se lo inventó. Echó a correr hacia delante, como si ya supiese que Güler le iba a buscar al espacio; se quitó de encima a Cubarsí con un autopase y se la cedió a las mil maravillas a Mbappé.
No es casualidad que todos buscasen a Camavinga en la celebración del 1-2. Porque sus compañeros saben que no han sido meses fáciles para él. Porque saben que el potencial lo tiene; solo necesita madurar futbolísticamente. Y porque saben que si alguien merece volver a sonreír, ese es él.
De aquí, para arriba
En fin, no me quiero explayar mucho más. Simplemente quiero hacer mención a las palabras de José Mourinho en la rueda de prensa post-Clásico: «El Real Madrid no juega para ganar en el Camp Nou, juega para ganar trofeos. Si perdemos en Santander, los tres puntos de hoy tendrán otro sabor».
Porque el luso ya es perro viejo y sabe que una victoria como la del Clásico puede ser un arma de doble filo. Y eso es precisamente lo que hay que evitar: creer que el trabajo ya está hecho y entrar en fase de relajación. No. El Real Madrid no puede permitírselo. Se ha ganado una batalla, pero la guerra termina en junio. Y Mourinho lo sabe. A las trincheras.
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