La charla de Mourinho que cambió el partido: lo que pasó en el vestuario del Real Madrid al descanso
El conjunto blanco desatascó el partido ante la Real Sociedad gracias a una gran segunda parte. El Real Madrid ya sabe lo que es el «Efecto Mou»
El Real Madrid ya ha notado la presencia de José Mourinho en un partido oficial. El luso, muy bien valorado en Valdebebas y por la gente del club, demostró sus galones en el descanso del encuentro ante la Real Sociedad y su arenga hizo que los suyos arrollaran a los vascos en la segunda mitad gracias a una sensacional pegada.
Una segunda parte que marca un antes y un después
El Real Madrid empezó un tanto titubeante. Dejando buenos minutos a ratos, sin continuidad. Y el Bernabéu se lo hizo saber con pequeñas pitadas que venían a ser una serie de avisos. Lo cierto es que la versión del equipo en la primera mitad fue paupérrima, sin generar mucho peligro más allá del gol de Mbappé, lo que provocó el enfado de un Mourinho que se marchó volando al túnel de vestuarios.
Esas prisas que llevaba el luso se tradujeron en mayor intensidad en el juego y en una pegada letal del Real Madrid en la segunda parte. El conjunto blanco mejoró en la presión y estuvo muy acertado de cara a puerta gracias a otros dos tantos de Mbappé y a otro del cuestionado Vinicius. Además, Mourinho incluyó una serie de variantes tácticas que vimos con el transcurso de los segundos 45 minutos.
Cambios tácticos claves
A Mourinho se le ha acusado de ser un entrenador arcaico y sin un libreto actualizado por sus últimas temporadas sin grandes gestas. Sin embargo, ante la Real Sociedad demostró, una vez más, que es un técnico intervencionista y que no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones arriesgadas. Una de ellas ya la tomó en el primer partido ante el Espanyol y la repitió ayer frente a la Real; ubicar a Güler en la banda derecha y a Bellingham como mediapunta.
El resultado de la fórmula al descanso fue negativo y Mourinho, consciente de ello, reubicó al turco en el carril central, más cerca del área de Remiro. A partir de ahí Güler volvió a disfrutar y demostró porque es uno de los mejores jugadores de la plantilla. Con ese movimiento táctico, el Real Madrid mostró otra cara que se acabó traduciendo en un apabullante 4-1.

El Bernabéu, de menos a más
El Bernabéu recibía a Mourinho trece años después de su última -y convulsa- temporada. Y para ello, el coliseo blanco se vistió de gala luciendo una muy buena entrada pese a estar en el ecuador de la última semana de agosto. Cuando sonó el nombre del luso por la megafonía del estadio, la afición fue un clamor y ovacionó al técnico como quién añora a alguien que ha estado mucho tiempo sin ver.
Ese clima de celebración (en parte también por el ofrecimiento de la Copa del Mundo por parte de Cucurella y de un timorato Oyarzabal) se iba a tornar en desesperación con el paso de los minutos. Tras el paso por los vestuarios, el Real Madrid salió con otra cara totalmente distinta, una cara que enamoro a un Bernabéu ansioso por ver brillar a sus estrellas de una vez por todas.
Mourinho es pleno conocedor de que al Bernabéu se le enamora con un fútbol de ataque y de pegada. Por ello, se vio a un equipo totalmente distinto después del descanso. El técnico luso es, más allá de un gran entrenador, un excelente motivador que sabe a la perfección como conseguir conectar al madridista con el juego del Real Madrid.
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