La advertencia sobre el PSG y Bellingham que reabre la gran herida entre el Real Madrid y la UEFA
La UEFA sigue siendo incapaz de poner freno al dispendio económico de los clubes-estado, lo que obliga al Real Madrid a sobrevivir como pueda.
No es ningún secreto que el fútbol europeo vive instalado en una paradoja peligrosa. Mientras el Real Madrid presume de ingresar más de 1.200 millones de euros en su balance y encadenar 26 ejercicios consecutivos en beneficio económico sin vender un solo porcentaje de la propiedad a capitales extranjeros, las reglas del juego financiero en Europa siguen permitiendo distorsiones de mercado que amenazan la sostenibilidad de los clubes tradicionales. Así de simple.
La reflexión lanzada por el periodista Joaquín Maroto en el programa Goles con Parrado no hace más que ponerle voz a una preocupación que sobrevuela las oficinas de Valdebebas desde hace años. Una inquietud que explica, en buena medida, el origen del proyecto de la Superliga (ahora ya abandonado) y el distanciamiento de la UEFA con entidades como el Paris Saint-Germain.
Libertad financiera sin control estricto
El periodista Joaquín Maroto reflexionaba en voz alta tal que así: «Una de las razones por las que se creó la Superliga es para que no haya clubes como el PSG, que ha podido crear la plantilla que tiene y ahora es imposible competir contra él».
«A mí me da mucha pena que la Superliga haya quebrado… Es cierto que la nueva Champions League ahora tiene un sistema parecido al que proponía Florentino con la Superliga, pero al PSG le dejan hacer lo que quiera y no hay ningún control económico. Y si mañana se empeña Al Khelaifi en irse a por Bellingham, irá con todo y al Madrid le costará mucho retenerlo«, advierte.

Pero lo que queremos destacar aquí es que la clave del análisis no reside en un nombre propio (Bellingham en este caso) ni en un rumor de mercado, sino en el evidente agravio comparativo. Mientras clubes históricos de toda Europa viven angustiados para cumplir con los límites salariales, las estructuras respaldadas por estados soberanos (árabes) operan con un margen de maniobra virtualmente ilimitado.
La adopción por parte de la UEFA de un formato de Champions con fase de liga (calcado en estructura, por cierto) a la propuesta original de la Superliga) resolvió el problema del número de partidos de gran nivel, pero dejó intacto el gran melón por abrir, que no es otro que el control económico real.
El escudo de los 1.000 millones del Real Madrid
Ante la falta de una regulación europea severa que impida la inyección de capital ajeno sin apenas control, la estrategia del Real Madrid ha pasado por blindar a sus estrellas con cláusulas de rescisión inalcanzables, incluso para Arabia Saudí o clubes-petróleo, tales como el PSG.
La inminente renovación de Jude Bellingham hasta 2031 con una cláusula de rescisión de 1.000 millones de euros es el ejemplo perfecto de esta política. El inglés, consolidado como líder del proyecto deportivo de José Mourinho y posicionado en la escala salarial del vestuario justo por detrás de Kylian Mbappé y Vinicius, representa el modelo al que aspira la entidad presidida por Florentino Pérez. Guste más, o guste menos, pero así es.
Sin embargo, la cláusula es un freno legal, no una cárcel de oro. El Real Madrid jamás ha retenido a un futbolista en contra de su voluntad si este manifiesta su deseo de salir y presenta una oferta justa. Y es ahí donde vuelve a emerger ese desequilibrio de mercado, porque si un club Estado decide romper la escala salarial ofreciendo cifras fuera de la lógica de ingresos de un club propiedad de sus socios, la capacidad de contención del fútbol tradicional queda en la lona.
Un modelo de club que exige un ‘Fair Play’ de verdad
La lucha del Real Madrid no es por gastar más, sino por competir en igualdad de condiciones. Ese fue uno de los motivos que impulsó el proyecto de la Superliga Europea, por más que ciertos medios intentasen vender lo contrario. Porque que un club con ingresos ilimitados no tenga el mismo rigor fiscal ni las mismas limitaciones de gasto que el resto, es algo que vulnera clamorosamente el principio de deportividad.
Por el bien de la industria y la supervivencia del fútbol, la UEFA tendrá que afrontar antes o después el verdadero debate del control financiero. Mientras tanto, en el Real Madrid no queda otra que seguir respondiendo con rigor en los balances, contratos de larga duración con cláusulas de 1.000 ‘kilos’ y el orgullo de competir de tú a tú contra carteras sin fondo. Aunque esto último empieza a ser una tarea cada vez más difícil.
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