El Real Madrid vuelve a ser letal: 10 goles en 3 partidos
El conjunto blanco iguala la marca de tantos marcados en los tres primeros partidos de la Liga de los récords de 2012
El Real Madrid vuelve a ser feliz. Mourinho ha impuesto un estilo de juego que se adapta tanto a las necesidades y virtudes de los jugadores del conjunto blanco como al gusto de una afición que vuelve a ilusionarse con la pegada de los suyos.
Camino de regreso al futuro: 2012 como espejo
El Real Madrid está viviendo un regreso al futuro. La vuelta de Mourinho, la ilusión del Bernabéu y una plantilla reforzada con el objetivo de ganar títulos de inmediato tienen la culpa de ello. Y es que, son muchas las similitudes que podemos encontrar con el año 2012: la pegada, los contraataques, la presión tras pérdida y la ambición de los jugadores son algunos de los aspectos que comparten ambas generaciones.
El Real Madrid vuelve a tener una identidad propia en el juego. Vuelve a saber a lo que juega. Tras dos años en los que han pasado los entrenadores sin pena ni gracia y sin ser capaces de transmitir su fútbol a los jugadores, la llegada de Mourinho ha supuesto un reordenamiento de ideas que, por el momento, han significado tres victorias en los tres primeros partidos de Liga.
Correr es innegociable
El Real Madrid disfruta corriendo. Se frota las manos cuando tiene metros por delante para galopar con el balón ante un rival desordenado. Mourinho, quién ha sido acusado de ser un técnico con el libreto desactualizado, ha sabido trasladar el estilo de juego de 2012 a este 2026, que está marcado por la necesidad imperiosa de volver a ganar títulos.
El técnico portugués sabe lo que gusta y lo que le va bien al Real Madrid. Aquí no hacen falta técnicos que intenten reinventar el fútbol con esquemas que más bien parecen jeroglíficos. Al Bernabéu le da igual si su equipo saca el balón con tres defensas o con un pivote incrustado entre los dos centrales.
A la afición le pone ver correr en estampida a los suyos, le entusiasma ver jugadas de vértigo, combativas y que se culminen, a poder ser, con un disparo a puerta para probar al guardameta contrario.
Así ha sido tradicionalmente y lo seguirá siendo el resto de la historia. Pero ojo, eso no quiere decir que el madridista sea meramente resultadista. Más bien significa que el aficionado está deseoso de ver garra, ambición por ganar y espectáculo. Algo que, por el momento, Mourinho ha conseguido en los tres primeros partidos de Liga.

Paralelismos con 2012
El Real Madrid ha igualado la marca de goles marcados de la Liga de los récords de 2012, pero ese no es el único dato que hace recordar al madridista a aquel equipo que enamoró con su pegada. Dentro de la plantilla encontramos varios jugadores que, salvando las distancias, se puede comparar con las estrellas que lideraban al conjunto blanco hace catorce años.
Eso inevitable no comparar a Güler con Özil. Ni a Mbappé con Cristiano. Incluso podríamos decir que el doble pivote en el centro del campo compuesto por Fede Valverde y Bernardo Silva puede asemejarse, salvando las distancias, al compuesto por Xabi Alonso y Khedira, actual segundo entrenador del Real Madrid.
Konaté y Rüdiger, dos centrales aguerridos que en cierto modo pueden recordar a Sergio Ramos y Pepe en cuanto a funciones, porque en términos de calidad quizá queden bastante lejos. Es cierto que la temporada acaba de comenzar, pero este equipo va tomando tintes muy similares a los que tuvo el conjunto formado en 2012.
Trabajo táctico, en segundo plano
Más allá del gusto del aficionado y de la actitud de los jugadores, en segundo plano se puede ver un buen y simple trabajo táctico que le está llevando al Real Madrid a ganar partidos por inercia. Mourinho ha sabido adaptar su idea al tipo de jugadores que tiene y, a falta de competir con rivales de máxima entidad, ha solucionado varios problemas que se venían repitiendo en las dos últimas temporadas.
El gran conflicto que ha solucionado Mourinho tiene que ver con la salida de balón. El luso ha ideado varios planes que hemos podido ver en los tres partidos oficiales que ha disputado el equipo. Con Bernardo Silva en el césped, es el portugués el que baja y se incrusta entre los centrales para salir jugando. Sin el «20», como pasó ante el Málaga, esa responsabilidad recayó en Dean Huijsen, que buscaba pases filtrados intentando conectar con Valverde o incluso con Bellingham.
Además, el equipo es más imponente en el juego aéreo y consigue terminar las jugadas con más facilidad. Algo que, en los últimos años, no se ha visto por Concha Espina y que se echaba mucho de menos.
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