El arte de robar al Real Madrid y convencerle de que el problema es suyo
El problema de los robos elegantes es que, cuando están bien hechos, casi nunca lo parecen. Y eso le pasó al Real Madrid frente al Betis.
No hay carreras. No hay butrones. No hay alarmas. Solo una decisión, una explicación, una segunda explicación para justificar la primera y, cuando alguien empieza a preguntar demasiado, una tercera explicación para demostrar que quizá el problema está en quien pregunta.
La historia está llena de ejemplos, no vamos a enumerar todos ahora. Desde palacios hasta museos, desde bancos hasta despachos, el guante blanco siempre ha tenido una ventaja sobre la violencia: permite que, al final, alguien termine preguntándose si realmente le han quitado algo.
Y eso es, precisamente, lo que empieza a resultar familiar cuando juega el Real Madrid en España. Y, más concretamente, lo que pasó este viernes en Sevilla.
El Real Madrid perdió 1-0 contra el Betis. Y conviene decirlo primero: el Betis ganó, hizo su partido y aprovechó la oportunidad que se le presentó. Pero también conviene decir otra cosa que ya señaló Mourinho en rueda de prensa: el Madrid jugó bien. Lo suficiente como para que la sensación final no sea la de un equipo superado, sino la de un equipo que vuelve a empezar la Liga con la mochila de siempre: remar contra todo y contra todos.
Anomalías estadísticas contra el Real Madrid
El gol anulado a Carlos Espí necesitó una reconstrucción casi arqueológica de la jugada. Un fuera de juego que hubo que rebobinar hasta el reinado de Felipe II para encontrar exactamente dónde estaba el último milímetro en posición antirreglamentaria.
El penalti de Mbappé abrió después otro capítulo. Bartra proyecta todo el cuerpo dentro del área antes del lanzamiento. Además, la interpretación actual de la norma, que ha cambiado esta temporada, considera que hay invasión aunque los pies no estén sobre la línea o dentro del área. Y problema no es sólo la decisión. El problema es que, una vez más, tendremos que esperar a que aparezcan imágenes de quién sabe dónde para entender exactamente qué ha ocurrido. Asia, Estados Unidos… Cualquier día tendremos que pedirle la realización a la NASA.
Eso sí, va a pasar como aquella vez en la que comenzaron a penalizar con tarjeta roja ciertas entradas por detrás, expulsaron a Modric en la primera jornada y después cambió la norma de nuevo. Es decir, lo de que no se repita un penalti porque hay un defensor dentro del área «pero no está pisando» no lo vais a volver a ver esta temporada. Las típicas anomalías estadísticas. Luego nos llamarán exagerados por los Excels que se sacan en las redes sociales.

Y mientras tanto, la retransmisión oficial parece empeñada en construir otra película, la de que es el Madrid el que en todas las acciones sale favorecido: posible roja a Güler, un saque de banda al revés… como si hubiera que ir preparando al espectador para la idea de que, en realidad, al Madrid le están favoreciendo. Al espectador y a la sala VOR, que recibe esa retransmisión. Una especie de inversión narrativa: primero se instala la sospecha y después ya discutimos las jugadas.
Dejo para otro día el tema de las amarillas, de las faltas no pitadas al rival y de que la primera tarjeta (y la segunda y la tercera) siempre sea para el conjunto blanco.
Y lo cansado para el madridismo es que esto no es nuevo. Es lo mismo de cada temporada.
¿Y los árbitros?
Hernández Hernández volvió a aparecer en el camino desde el campo. El mismo árbitro, reconocido aficionado culé cuando era pequeño, que dejó para la historia aquella última jornada de 2017 frente al Eibar, con dos penaltis inventados a favor del Barcelona, que se estaba jugando la liga contra el Madrid de Zidane. E Iglesias Villanueva en el VAR. El CTA no deja nada en el aire.
Por cierto, entre Hernández Hernández (3) y Soto Grado (3) se han repartido los arbitrajes de los últimos 6 partidos del Real Madrid a domicilio frente al Betis. Curioso.
¿Es una conspiración? No lo creo. Basta con mirar la acumulación de episodios, las interpretaciones cambiantes, las retransmisiones, las repeticiones que aparecen o desaparecen y esa curiosa sensación de que, cuando juega el Madrid, siempre hay que demostrar primero que no eres culpable.
Los grandes atracos de la historia siempre han tenido algo de eso. Cuando desapareció La Gioconda del Louvre en 1911, el mundo tardó más de dos años en volver a verla. El cuadro era la víctima, pero durante todo aquel tiempo lo que ocupó titulares, investigaciones y sospechas fue el propio robo.
Aquí ocurre algo parecido, salvando las distancias: la víctima termina teniendo que explicar por qué protesta. Si el Madrid señala que algo no cuadra, automáticamente aparece alguien para explicarle que lo que no cuadra es su percepción.
Es un atraco de guante blanco. Sin violencia. Sin máscaras. Sin necesidad de entrar por una ventana. Un atraco en el que, si todo está perfectamente documentado, quizá hasta consigan convencerte de que el dinero nunca estuvo en la caja. Aunque cada vez más personas se van dando cuenta, por suerte, de lo que pasa.
Lo preocupante no es perder en Sevilla. El Madrid perderá partidos. Lo preocupante es que vuelva a instalarse esa sensación de que para ganar la Liga hay que jugar mejor que el rival y, además, superar un examen paralelo que nadie reconoce oficialmente pero que siempre aparece en algún momento.
Y quizá por eso Europa vuelva a ser, paradójicamente, un territorio más limpio. Difícil, por supuesto. Durísimo. Allí están los mejores equipos del continente. Pero al menos, cuando empieza el partido de Champions League, normalmente sabes contra quién juegas.
En España, un año más, parece que el Madrid tendrá que remar. Contra el rival. Contra las interpretaciones. Contra las cámaras.
Y contra esa vieja costumbre de hacer que la víctima parezca culpable por atreverse a señalar el atraco.
Bienvenidos, de nuevo, a LaLiga.
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