Rüdiger se viste de emperador: la crónica del Roma 3-4 Real Madrid
El alemán se erige como el salvador de un partido que el conjunto blanco tenía perdido a 10 minutos del final. Mourinho acertó de lleno con los cambios
Rüdiger marcó el gol de la remontada en un partido de locura que el Real Madrid fue perdiendo por dos goles a falta de 10 minutos para el final. Los tantos de Mbappé, Espí, Endrick y Rüdiger firmaron una gesta histórica para los blancos gracias a los cambios acertados de Mourinho en la segunda mitad.
Courtois, Mbappé y nada más
El once del Real Madrid presentó una sorpresa que no pasó desapercibida para el madridista: Arda Güler partió como suplente en detrimento de Diomandé, que disfrutó de su primera titularidad en Champions con el conjunto blanco. Y enseguida el equipo notó la ausencia del turco. Courtois intervino en dos ocasiones en los primeros tres minutos y la Roma mostró sus credenciales desde el inicio: se esperaba un partido difícil, para no variar.
Y el tiempo cumplió esa premisa. El Real Madrid fue totalmente incapaz de practicar ni una sola pizca de fútbol. La Roma, con un fútbol enérgico y atrevido, encerró al conjunto blanco en su área en varias ocasiones y tanto fue el cántaro a la fuente que al final… se acabó rompiendo. Pérdida inaceptable de Tchouaméni en el centro del campo que aprovechó De Roon con un disparo desde la frontal tras una buena jugada del equipo de Gasperini en el minuto 21.
Sin embargo, cuatro minutos después Mbappé aprovechó una mala decisión de Mario Hermoso en una acción aislada para reventar el balón con su pierna derecha y así poner el 1-1 en el marcador en el 25´. Un premio tan inesperado como inmerecido por el juego que estaba mostrando el elenco de Mourinho.
El juego en largo como solución
Poco a poco los balones en largo se iban presentando como una solución poco vistosa pero efectiva. Así llego la ocasión de Cucurella tras un envío de Courtois que el lateral no pudo mandar entre los palos. La Roma, en cambio, apostó por un fútbol combativo y atractivo, tal y como acostumbran los equipos de Gasperini. En defensa, el conjunto italiano propuso una defensa hombre a hombre que le costó librar al Real Madrid.
El encuentro llegaría al descanso con el empate en el marcador pero no en las sensaciones. Mourinho debía mover el equipo en busca de una reacción que le diera más control en el juego para salir con una victoria del Estadio Olímpico.
Segunda parte de locura
La segunda parte empezó de la peor forma posible para el Real Madrid. Una pérdida de Vinicius provocó una buena transición de la Roma que Malen se encargó de mandar a las mallas de un Courtois que no pudo hacer nada. El 2-1 en el 51´ supuso un jarro de agua helada al equipo madridista, que le tocaba remar de nuevo.
Pero remar a contracorriente siempre es complejo. Y si el que tiene que remar a contracorriente es este Real Madrid, peor aún. La enésima galopada de la Roma acabó con el 3-1 en el 57´ por mediación de Malen, que definió solo y a placer ante Courtois. La imagen del conjunto blanco estaba siendo paupérrima y Mourinho decidió dar entrada a Güler y a Endrick por Dumfries y Vinicius en busca de mejorar la imagen.
Y los cambios dieron sus frutos. Endrick agitó el partido desde la banda derecha y Diomandé hizo lo propio desde el costado izquierdo. Mourinho introdujo más variantes en forma de declaración de intenciones; Bernardo por Tchouaméni, Carlos Espí por Diomandé y Carreras por Cucurella.

Un quiero… y sí puedo
La reacción del Real Madrid parecía ser tardía y estéril. El equipo subió las líneas y generó algo más de peligro, pero por contra, se rompió dejando varios huecos entre el ataque y la defensa. Sin embargo, a la heroica, Espí aprovechó un rechace dentro del área para hacer el 3-2 en el 82´ apretándolo todo de cara a la recta final del encuentro.
Y sin tiempo para escribir estas líneas, Endrick puso el empate de cabeza en el 86´ tras un gran córner ejecutado por Güler. El Real Madrid lo había vuelto a hacer. Levantar dos goles de ventaja en este contexto no está al alcance de cualquiera. Mourinho acertó de pleno con los cambios y los últimos minutos fueron un frenesí.
Y el frenesí se vistió de blanco y llevaba el «22» en la espalda. Rüdiger, con el alma, empujó el balón tras el enésimo córner ejecutado a las mil maravillas por parte de Güler en el minuto 91. El reducto de madridistas desplazados estalló en júbilo y la afición romana no se lo podía creer. Con el tanto del alemán el partido llegaría a su fin con el 3-4 definitivo.
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