El arbitraje de toda la vida y el juego de siempre en el Real Madrid
Las quejas acerca de la carencia de ideas del Real Madrid son perfectamente compatibles con afirmar que es imposible jugar así
Todos estamos de acuerdo en que el Real Madrid está muy lejos de jugar a algo. O de tener una idea, por simple que sea, para proponer un partido a su gusto. También nos sentamos en la misma mesa, todos y cada uno de nosotros, para asentir con la cabeza que hacían falta varios fichajes más y alguna venta que otra.
Creo, personalmente, que no hay madridista alguno que no piense que un centrocampista creativo hacía falta; y que alguno como Eduardo Camavinga o Aurelien Tchouaméni tenía que haber hecho las maletas para haber hecho hueco a esta incorporación.
Y con todo ello, todavía me sigo preguntando si realmente merece la pena hablar del plano deportivo después de las auténticas atrocidades desde el punto de vista arbitral que se han visto en varios partidos. Ni siquiera hablo del derbi, que mínimo una tarjeta roja y un penalti por mano de Marc Pubill se debió llevar al saco el Real Madrid.
Hablo del penalti que se tuvo que repetir contra el Real Betis, o el exceso de faltas sin amarilla que pudo realizar el Elche. Porque eso, justo eso, te impide competir en igualdad de condiciones.

La famosa «anomalía estadística»
No es casualidad que el Real Madrid se lleve más tarjetas amarillas que los rivales, y eso que comete muchas menos faltas. De hecho, el árbitro de turno suele sacarle la primera al que lleva la camiseta blanca, y esto sucede en casi cualquier partido.
En este sentido, la famosa «anomalía estadística» se suele maquillar en los minutos finales, siempre y cuando los madridistas vayan ganando, claro. Como los penaltis a final de temporada, con LaLiga ya decidida para bien o para mal, pues por obra y magia del Espíritu Santo, los capitalinos empiezan a disfrutar de penas máximas que les fueron negadas en otro momento de la temporada.
Hablando un poco del derbi, la carrera de Cuti Romero es ciertamente divertida, irónicamente. Es un gran jugador, y al Real Madrid le vendría bien su calidad para sacar el balón desde atrás, pero estaba claro que la impunidad de la que gozaría el argentino en LaLiga iba a ser diferente de la que tuvo en Tottenham. De hecho, terminó saliendo a expulsión cada 25 partidos, recibiendo más de 40 amarillas en el club londinense. Aquí, a la primera de cambio, cambiaría.

No todo es arbitral, por supuesto
Si bien es cierto que al menos Kang-in Lee debió haber sido expulsado sin ningún atisbo de duda, el plano deportivo del Real Madrid ofrece todas y cada una de las dudas razonables que puedan existir. Aunque eso, al menos por hoy, está cerrado en mi persona.
Mañana será otro día, y tampoco habrá cambiado mucho en la esfera madridista. De ello hablaré más tarde. Quizá el martes, o el miércoles, pero siempre es un buen momento para desgranar la mala planificación deportiva existente desde hace varios veranos.
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